Vivir lejos de casa


No resulta fácil 

A todos nos ha pasado alguna vez. Te vas de vacaciones y el síndrome de Stendhal hace de las suyas. Ese nuevo lugar hace nacer en ti sensaciones insospechadas. Y no sabes muy bien si tiene que ver con la belleza de su arquitectura o con lo bien que te sientes recorriendo sus calles. El caso es que sientes un deseo repentino de quedarte. 

Viajar es un placer en todos los sentidos. Está demostrado. Y la mayoría de nosotros no lo hace con la frecuencia que le gustaría. Pero, entre una estancia vacacional y mudarse a otra ciudad media un abismo. Sé de lo que hablo, que dejé el hogar familiar con dieciocho años y tengo… bueno, unos cuantos más. 

paisaje desde la ventana de un avión
Viajar es un placer

No, no voy a hablarte del precio de la vivienda. Ni pretendo redactar un ensayo sobre precariedad laboral. A mí lo que me interesa contarte es la parte emocional del asunto. Porque vivir lejos de la familia no es fácil.


Es una experiencia intensa 

Si vives a dos calles de la casa de tus padres y tienes el congelador lleno de tuppers, seguramente no me entiendas. Si puedes (aunque no lo hagas) visitar a tu familia al menos una vez a la semana y disfrutar de ese manjar que es «la comida de mamá», de una buena conversación con tu padre o el abrazo de tu hermano… entonces no sabes de lo que hablo.

Pero si has fijado tu residencia en una provincia, Comunidad o país diferente al de tus padres, entonces puede que te veas reflejado en este artículo.  

Maleta abierta
Siempre con la maleta a cuestas

No quiero desanimarte si tienes ganas de irte a estudiar fuera o si estás pensando en cambiar de aires. Es una gran experiencia vital. Y si pudiera volver atrás en el tiempo, tomaría, seguramente, el mismo camino. Pero no vayas a creer todo lo que ves en programas del estilo de Callejeros Viajeros


Pros

Largarse tiene un gran número de ventajas. Algunas tienen que ver con la supervivencia: aprendes a cocinar (al principio recetas muy básicas, pero con los años la cosa mejora), a administrar tus gastos, convivir con otras personas y, finalmente, a llevar una casa.

También está el crecimiento personal. Quien soy hoy en día tiene mucho que ver con aquella decisión que me cambió la vida. Vivir a tantos kilómetros del hogar familiar te hace fuerte.  Ganas en madurez e independencia emocional. Porque si surge un problema, no tienes más remedio que enfrentarlo y solucionarlo. Aprendes a pensar por ti mismo. Abres la mente y conoces otras realidades. Y, si tienes suerte, como en mi caso, puedes abrazar otro idioma y otras costumbres hasta hacerlos tuyos. 

Mis amigas y yo
Los amigos se convierten en familia

Otro gran punto a favor son las personas que se cruzan en tu camino y lo hacen más interesante. Amistades que con el paso del tiempo se convierten en familia


Contras

A la de verdad, no la ves a menudo y la echas de menos. Porque por muy a gusto que estés en tu nueva etapa, la distancia es traicionera y en muchas ocasiones se traduce en lágrimas. Y se dan circunstancias poco agradables, como la sensación de sentirse solo (aun estando rodeado de gente) o desubicado: no saber cuál es tu sitio.

Encajar es a veces difícil. Y conocer gente nueva lo es cada día más. Por eso la universitaria es una buena etapa para alzar el vuelo. Hay muchos “polluelos” en la misma situación y eso ayuda a empatizar y conectar.

Mi padre y yo
Mi Norte

Después se vuelve más complicado y es mucho más llevadero dar el paso en pareja o con un grupo de amigos.


Hay que pensarlo bien

Elegir estudiar (o trabajar) lejos de casa significa ganar oportunidadespero también perder algunas cosas.

Esto es algo que no solemos sopesar. Con veinte años piensas que tus familiares son eternos y que tendrás millones de anécdotas y vivencias que compartir con ellos.

Colgante en estrella con la frase "Siempre Contigo" grabada
Unidos a pesar de la distancia


Pero eso es precisamente a lo que renuncias cuando te vas: a pasar tiempo con los que más quieres. Lo bueno es que aprendes a apreciar y atesorar cada momento junto a ellos. Y cada fin de semana en el que os veis se convierte en mágico y especial, aunque el plan no lo sea, ¡incluso sin salir de casa!


En conclusión 

Toda situación desconocida provoca miedo. Es normal sentirlo, pero no dejar que nos invada. Ojalá que en el día a día y, sobre todo, ante una decisión tan crucial como la de trasladarte a otro país o ciudad lejana, ganen siempre las ganas. 

Luchar por una vocación o un sueño requiere de un gran esfuerzo. Es necesario ser constante, fracasar (aprender) y levantarse un montón de veces. Pero también te colma de satisfacciones.  

Portafotos decorativo con la frase en inglés: "Vive tu sueño"
Lucha por tus sueños a pesar de todo

Si acabas de mudarte, quizá te resulten útiles estos consejos

Si vas a hacerlo en los próximos meses, ojalá encuentres un lugar al que llamar hogar y llegues a ser inmensamente feliz. Nunca olvides de dónde vienes y aprovecha al máximo cada momento con tus seres queridos. Escribe, llama, diles a menudo que les quieres. Y, cuando los tengas cerca, no lo dudes: no hay nada como un abrazo

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