Motivación

Leer es un placer, no una obligación

Por favor, no obligues a los niños a leer 

No lo hagas. Ni en clase ni en casa. No fuerces a los más pequeños para que lean. La razón es obvia: toda imposición provoca rechazo. Mira a tu alrededor y comprobarás que es cierto. Podemos gozar inmensamente de una actividad, pero en el momento en el que nos sentimos obligados a realizarla la cosa cambia, ya no nos resulta tan apetecible y puede que hasta la dejemos de lado. 

Yo empecé a interesarme por la lectura (y también por la redacción) desde muy joven. La biblioteca de mi colegio era muy completa. La profesora iba tomando nota y haciendo un seguimiento de nuestras lecturas (mínimo un libro por trimestre), pero éramos nosotros quienes decidíamos nuestro ritmo de lectura, cuántos y, sobre todo, qué títulos disfrutar (de entre los que estaban recomendados para nuestra edad, claro).  

Niña leyendo un libro

Aún recuerdo con cariño algunas historias y personajes. Cuánto me hicieron soñar. Cuánto viajé y sentí sin moverme de mi habitación. Cuántas fichas de comprensión lectora rellenadas. Y cuántos cuentos me animé a escribir, inspirada por mis libros. Pero también me acuerdo de aquel giro de guion en el que todo se torció.  

La adolescencia y la lectura

En el Instituto todo cambió. La autonomía de la que disfrutábamos en Primaria se desvaneció y las lecturas empezaron a ser obligatorias. Daba igual el nivel de cada alumno (las clases suelen ser muy heterogéneas), absolutamente todos debíamos leer lo mismo, en un tiempo “x” y posteriormente entregar la recensión correspondiente.

No se me ocurre una fórmula más rápida y eficaz para acabar con el lector. Hay que estudiar a los Clásicos de la Literatura, estoy de acuerdo. Pero, reconozcámoslo, algunas de esas obras resultan infumables para la mayoría de los mortales. La extensión muchas veces no ayuda, pero, sobre todo, es el lenguaje empleado (tan diferente al actual) el que dificulta enormemente la comprensión. 

Varios libros de gran extensión

Y no hablemos de las condiciones (impuestas) de esa lectura. Habrá quien disfrute leyendo El Quijote, pero, hacerlo forzosamente y a contrarreloj para después ser evaluado, es una tortura de categoría. Es un ejemplo. La obra que consagró a Cervantes no estaba entre mis obligaciones, pero os aseguro que un ensayo de Jovellanos tampoco resulta agradable de leer cuando tienes 15 años. Espero que la didáctica haya mejorado desde entonces. 

Madurar es reconciliarse con los libros 

¿Qué pasa luego? Cuando el sistema educativo convierte tu pasión en un castigo se produce un distanciamiento. Si empiezas a asociar leer con sensaciones negativas, pierdes hasta el interés por descubrir y ya no le das oportunidad a las novelas del momento. La lectura por placer entra en barbecho.

Después llegas a la facultad y te encuentras con un fenómeno curioso: entre las condiciones para poder aprobar está la obligación de comprar el libro (o libros) que ha escrito el profesor de la asignatura. Una gran estrategia de marketing por su parte, no cabe duda. Lo bueno es que, si has elegido bien tus estudios, la temática de estos escritos empieza a resultarte atractiva y, si el docente es bueno, te pondrá en la pista de autores y obras de calidad. 

Plano corto de mujer sosteniendo una pila de libros

Pasa el tiempo y un día, gracias a la recomendación de un amigo o por puro azar, das con un libro que consigue atraparte. Devoras ávida todas sus páginas y adquieres rauda la segunda parte. Acabas y buscas más títulos. Más autores. Empiezas a acumular ebooks (he descubierto la comodidad del Kindle) y, sin percatarte siquiera, has recuperado el hábito y la pasión que surgió cuando eras niña. 

La recompensa del lector 

Hasta ahora, te he contado cómo desmotivar a un lector, cómo la imposición puede cargarse una afición tan gratificante y necesaria como la lectura. Leer es un placer y, por lo tanto, nadie debería obligarte a hacerlo. Veamos, entonces, los beneficios que nos aporta la lectura.

Leer nos hace mejores pensadoresMinimiza las faltas de ortografía. Pero sus beneficios no acaban ahí. Es un ejercicio que relaja y nos ayuda a dormir mejor (sobre todo si nos acostumbramos a hacerlo antes de meternos en la cama). Y, más importante si cabe: leer potencia nuestra creatividad, una capacidad que nos sobra de pequeños y que tendemos a olvidar a medida que crecemos. Pero está ahí, en nosotros, y debemos seguir desarrollándola para convertirnos en mejores profesionales. 

¿Cómo motivar la lectura? 

Entonces, ¿cuándo y cómo debemos forjar el hábito de leer? A ser posible, desde la cuna. Leer un cuento a nuestros hijos cada noche despertará su curiosidad y, con el tiempo, ellos querrán ser los narradores. Cuando llegue el momento de iniciarse en la lecto-escritura es preciso tener paciencia (pues cada uno tiene un ritmo de aprendizaje distinto) y recompensar sus logros. 

También hay que tener en cuenta la tendencia a la imitación: si nadie lee en casa es difícil que el niño coja un libro por voluntad propia al volver de la escuela. Pero si nos ven hacerlo es muy probable que quieran iniciarse también. 

Bebé ojeando un libro con su progenitor

¿Y en el cole o el instituto? Permitamos que cada profesor idee y utilice el método que le resulte más efectivo. Pero hagámoslo divertido. Menos imposición y más gamificación

¿Y qué puedo hacer si nunca me ha gustado o he perdido las ganas de leer? Prueba con diferentes temáticas y autores. Explora, pero no fuerces. Si notas que una novela no termina de engancharte o, peor aún, te aburre soberanamente, abandona y elige otro. No pares hasta dar con uno que te guste. No vayas al “postureo”. No pienses “este hay que leerlo” ni infravalores un best-seller. No hay género malo. Sé paciente y perseverante, y acabarás encontrando tu nicho, estoy segura. 

¿Te ha gustado el artículo? Quizá también te interese este, en el que te cuento cómo ser más creativo. No olvides suscribirte para estar al tanto de todas las publicaciones del blog. ¿Se te ocurre alguna otra forma de motivar la lectura? También puedes aprovechar tu comentario para recomendarme un libro que te haya encantado. Me pongo con él en cuando termine Reina Roja. ¡Cuánto estoy disfrutando! Porque leer, sin presiones, es un placer.

2 thoughts on “Leer es un placer, no una obligación”

    1. Hola María, muchas gracias por detenerte a leer este artículo y por tu comentario. Me gustaría ayudarte: cuando leas, es importante que estés concentrada. No prestes atención a nada más, solo al texto. No vayas demasiado rápido porque no es una competición. No hay prisa. Y si necesitas releer algún párrafo o incluso alguna página, hazlo. Cuando termines, piensa durante unos minutos en lo que acabas de leer. Poco a poco, aprenderás a disfrutar de la lectura. Y si sigues teniendo dificultades, acude a tu profesor o a tu familia. Ya me contarás. Mucho ánimo!

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