Espero no quedarme sola si afirmo que me dan miedo muchas cosas. ¿A ti también te pasa? Genial, porque hoy quiero hablarte de esto. Por las Redes Sociales circula una gran corriente de pensamiento positivo. Todo un torrente de vídeos y fotografías con frases motivadoras que solemos compartir con los demás para alegrarles el día o que guardamos en nuestro archivo para recurrir a ellas en los momentos de flaqueza. 

Y me he fijado en que, en muchas de esas oraciones, el protagonista es un “enemigo” común: el miedo. Lo pongo entre comillas porque, en realidad, se trata de un aliado. La ausencia de miedo nos haría seres temerarios, así que es normal y saludable sentirloSolo se convierte en un problema cuando nos incapacita

Aún recuerdo mi primer gran temor: la oscuridad. Tenía que dormir con la lámpara del pasillo encendida o con una luz ya pensada para estas circunstancias. Fenosa debía de estar encantada, pero mis padres no, así que decidieron tomar cartas en el asunto. Así es como se hizo popular en mi casa el Escondite a Oscuras. Y a través del juego, poco a poco, fui superando mi fobia. 

Papá, siempre a mi lado

Mi padre me decía siempre: “el miedo te paraliza, pero tranquila porque no existe, solo está en tu cabeza”, e íbamos avanzando lentamente por cada habitación en penumbra para encontrar a mi madre y ganar la partida. Primera gran lección de vida: sea cual sea el origen, a los miedos se los vence enfrentándolos.

Y son muchos los que tratan de desafiarnos a lo largo de la vida. Quizá, uno de los más comunes, sea el miedo al fracaso. Las creencias y convenciones sociales tienen mucho que ver en esto: se supone que debemos estudiar una carrera, para después ocupar un puesto increíble en alguna empresa, cobrar un sueldazo… llegada una edad, también tenemos que casarnos, comprar una casa, tener hijos… hacer tartas para los vecinos y ser los más majos del barrio.  

Ah, y todo esto sin despeinarnos y a la primera. Sin fallos ni segundas oportunidades. Y si no conseguimos alguna de estas “metas”, para la Sociedad habremos fracasado. Cuando, es posible, que algunos ni siquiera se hayan preguntado qué es lo que realmente quieren. Y la frustración viene de ahí. De haber tomado siempre el camino que se supone que hay que tomar, y no el que le apasiona a uno. En este vídeo, que llegó a mis manos por casualidad hace unos días (y que no puedo mirar sin emocionarme), se explica a la perfección este fenómeno.

¿Quién te gustaría ser?

¿Y tú? ¿Estás viviendo la vida que quieres? Si no es así, este es el momento de cambiar. Ya, ya sé lo que estás pensando. “Ya tengo mi vida montada… ¿y si no sale bien?” Y de nuevo, aparece el miedo en escena. 

Algo normal. Nos avisa de un riesgo. Pero no puede tener todo el peso en nuestras decisiones. Menos aún, cuando se trata de algo tan importante como convertirse en madre o padre, qué profesión ejercer o a quién amar. Rompe con todo, que solo tenemos una vida. 

¿Que puede salir mal? ¡Claro que puede! Es más, saldrá mal unas cuantas veces. Tenlo claro. Pero eso es lo mejor que nos puede pasar. Porque al fracasar aprendemos y cuando aprendemos crecemos como personas. Y, sin embargo, la tendencia es educar para alcanzar el éxito. 

«Hay que preparar a los más pequeños para fallar» – Lucía Galán

Por suerte, a mí me educaron como a los hijos de Lucía Galán, pediatra y protagonista de este segundo vídeo. A través del deporte, mis padres me enseñaron que lo importante no era ganar un trofeo, sino acabar la carrera. Fijar una meta y conseguirla, aunque lleve más tiempo que al resto y el camino esté plagado de obstáculos. 

Está bien inculcar cierta competitividad para tener aspiraciones. Un poco de ambición es un buen motor para mejorar. Pero la meta principal no puede ser quedar los primeros, puesto que es realmente difícil ser los mejores en algo. Los valores que más ayudan en la vida son el esfuerzo y la perseverancia. Porque los objetivos y los sueños se pueden conseguir. Pero tras muchas equivocaciones, cambios de rumbo y nuevos intentos.  

No se trata de perder el miedo a fracasar. El miedo siempre va a estar ahí. Acechando, agazapado en cada recodo de nuestra mente, esperando para intentar estropearnos el siguiente paso. Pero tenemos que darlo, tenemos que avanzar a pesar del miedo. Y si las cosas no salen como esperábamos, analizaremos el porqué, recogeremos la enseñanza que nos aporta y volveremos a la carga incorporando las modificaciones necesarias. Quizá el próximo intento, sea el que nos lleve donde queremos estar. 

Si te ha gustado este tema, échale un ojo a este artículo que escribí sobre algo que también asusta: Empezar de cero. ¡Hay tantas cosas que dan miedo! ¿Cuál vas a intentar hoy? 

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