Locución

Cómo hablar en público

Unos con más frecuencia que otros, pero la verdad es que todos nos vemos en la tesitura de tener que hablar en público alguna vez en la vida. Y, aunque no es fácil hacerlo bien, con una buena planificación y trabajo previo, podemos conseguirlo.

Al menos, eso es lo que afirma Gemma Bustarviejo, una periodista con una gran trayectoria en radio, televisión y como presentadora de infinidad de eventos, que hace unos días impartió un taller sobre esta materia en Espacio Pozas 14, en Madrid. Yo tuve la gran suerte de asistir y, ya que prometí contártelo, voy a intentar sintetizarlo todo de la mejor forma posible.

Lo primero que hay que hacer es centrarse en el tema: ¿Es impuesto o de libre elección? ¿Lo conoces a fondo? Porque si no es así tendrás que investigar y estudiar.

Otra pregunta de suma importancia que debes hacerte es: ¿cuál es tu objetivo? ¿Qué idea pretendes transmitir? Te resultará muy útil para no irte por las ramas.

Antes de empezar a redactar, también es recomendable pensar en el público que escuchará tu intervención. No es lo mismo dirigirse a niños, adolescentes, treintañeros, a gente de mediana edad o ancianos. ¿Se trata de un grupo heterogéneo? ¿Son expertos en el tema que vas a exponer o es la primera vez que entran en contacto con él? Son aspectos que hay que valorar para adecuar el lenguaje del discurso.

Ahora que ya sabes de qué vas a hablar y quién estará enfrente, puedes empezar a escribir. Sí, sí, todo el “speech”. Así podrás releer, ver qué aspectos son importantes, cuáles superfluos, obviar algunos párrafos y reorganizar otros.

¿Ya lo tienes? Entonces sigo con la «receta». Vamos a centrarnos en el inicio. Es vital. Será la oportunidad que tengas para conectar con tu público. Puedes engancharlos o aburrirlos. Dispones de unos escasos tres minutos para conseguir lo primero, pero hay que tener en cuenta un “hándicap”: será el momento en el que estés más nervios@.

Aunque eso también podemos controlarlo y superarlo. Prueba con ejercicios de respiraciónvocalización y articulación y lo harás de cine. Sin olvidar los trucos para evitar, o para disimular el tembleque de las manos. Puedes tomar un bolígrafo como apoyo, por ejemplo (a poder ser de tapa, no de clic porque el sonidito puede distraer o, incluso, molestar). Y de nuevo es muy importante, al igual que en el artículo sobre las entrevistas laboralesel lenguaje no verbal: mantener una postura erguida pero no forzada, sonreír y poner atención a brazos y piernas, que en ningún caso deben cruzarse. No se trata de parecer una estatua, puedes gesticular, pero sé natural y trata de enviar el mensaje correcto. No eres más que los demás (ni tampoco menos), así que nada de posturas condescendientes ni meter las manos en los bolsillos.

Lo sé, son demasiados detalles. Por eso es tan necesario el trabajo previo. Y en ello estamos. Conviene elaborar un guion, un esquema, con las palabras clave del discurso. Así, si en algún momento pierdes el hilo, o si se te olvida un punto importante, podrás retomarlo fácilmente echando un vistazo rápido.   

Ojo con el cierre, debe ser redondo. Será el recuerdo que se lleven de ti así que hay que prepararlo bien. Elabora unas buenas conclusiones y remata tu intervención.

El siguiente paso es pensar en un apoyo visual: una buena presentación, una selección de imágenes o incluso algún vídeo pueden enriquecer tus palabras. Eso sí, llévalos en varios formatos. Visita la sala unas jornadas antes para ver cómo es el espacio y cómo está equipada, verifica que todo funciona… y si no es así, consigue los materiales que necesites. Ah, y normalmente te diría que sí, que confíes en Internet y en la tecnología, pero en estos casos todo puede fallar y debes estar preparad@. Y si a pesar de ser megaprecavid@, resulta que ese día nada funciona, sigue adelante con total naturalidad.

Si ya lo tienes todo, es el momento de ensayar. Hazlo todas las veces que lo necesites. Frente a un espejo, grabándote en vídeo, delante de unos pocos amigos… lo que te resulte más provechoso. Primero leyendo… después solo con el guion a mano (para curarte en salud y ganar confianza). Ensaya hasta tener controlado el texto.

Cuanto más preparad@ vayas, menos nervios@ te pondrás el «Día D». Aunque ya te anuncio que evitar por completo los nervios es imposible.

Sí deberías saber, en cambio, que no se notan tanto como crees. Tu percepción es diferente a cómo les llega a los demás.

Es muy importante que confíes en ti y evites el auto bombardeo. Esas dudas que te asaltan, esos pensamientos negativos no son ciertos, pero llegado el momento pueden distraerte y jugarte una mala pasada.

Puedes hacerlo. Y vas a hacerlo bien. Lleva el principio y el final escritos (en su totalidad, sí), no te olvides del guion. E incluye en ese “kit de conferencia” una botella de agua para hidratarte cuando lo necesites.

El día antes, resérvalo para descansar y para visualizarlo todo: cómo llegas al recinto, cómo te mueves por el escenario, cómo miras al público (apunta: mirada helicóptero, o lo que viene siendo un barrido de lado a lado del auditorio). Aprovecha las pausas, pues son necesarias. No pretendas hablar como el presentador de «Pasapalabra”. Incluye algún que otro chascarrillo (sí, el humor, en general, es una buena herramienta), puedes incluir citas que te hayan marcado… Visualiza hasta los momentos en los que vas a pararte a beber un sorbo de agua.

elige un atuendo apropiado. Y con esto me refiero, por supuesto, a que sea acorde con el lugar y con la ocasión. Pero fíjate también en que sea lo más cómodo posible. Si es demasiado corto (en chicas) o si te aprieta vas a estar más pendiente de reajustar la ropa que de lo que de verdad importa: lo que vas a decir.    

Seguro que me dejo algo por el camino. Fue un taller tan intenso… ¿Tienes alguna pregunta o consejo? Aquí aportamos todos. Y yo quiero seguir aprendiendo.

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